Amor romántico: una forma de enganche en la trata para la explotación sexual de mujeres

Amor romántico:
Una forma de enganche en la trata
para la explotación sexual de mujeres.

Por: Nydia Morales y Aarón Hernández.

Pensar que una pareja complementará la vida, apoyará para alcanzar metas propias, realizará sacrificios. Creer que enamorarse es sentir impulsos desbordados que se demuestran con actitudes impulsivas, son parte de los comportamientos y creencias derivadas de una forma de socializar el afecto, el amor romántico. Un alto porcentaje de la población, en distintos niveles, vive y reproduce esta forma de afectividad sin cuestionar su impacto positivo o negativo en la vida.

El problema no es el amor en sí mismo, sino su manifestación desde el amor romántico, que se expresa de múltiples prácticas a modo de pertenencia y dependencia emocional. Vuelve tóxicas las relaciones porque convierte en trofeos a las personas, les hace sentir que se debe hacer mucho para ganarse a alguien y permite que “ese alguien” tenga a disposición, la posibilidad de sobajar a “quien le ama”. Esta forma de manifestar el amor, reemplaza la confianza mutua y la corresponsabilidad por la fe ciega y la reproducción de roles de género.

El amor romántico es un mecanismo casi imperceptible para perpetuar la violencia de género. Es uno de los culpables en el aumento de feminicidios. Es también, por las pruebas y la creencia del amor ideal, que muchas mujeres jóvenes terminan reclutadas para la explotación sexual. Es a través del amor romántico que hombres, en una mayoría de los casos, abordan a las mujeres para enamorarlas, ganarse su confianza y presionarlas para romper o alejarse de sus redes de apoyo y entonces convencerlas de sacrificarse por amor, empezando primero, por ser esclavas en la prostitución. La PGR señala que de 2007 a 2017 se investigaron 118 mujeres víctimas de trata, una mayoría de con fines de explotación sexual, una cifra que solo considera aquellos casos denunciados o identificados.

Pensar que una pareja complementará la vida, apoyará para alcanzar metas propias, realizará sacrificios. Creer que enamorarse es sentir impulsos desbordados que se demuestran con actitudes impulsivas, son parte de los comportamientos y creencias derivadas de una forma de socializar el afecto, el amor romántico. Un alto porcentaje de la población, en distintos niveles, vive y reproduce esta forma de afectividad sin cuestionar su impacto positivo o negativo en la vida.

El problema no es el amor en sí mismo, sino su manifestación desde el amor romántico, que se expresa de múltiples prácticas a modo de pertenencia y dependencia emocional. Vuelve tóxicas las relaciones porque convierte en trofeos a las personas, les hace sentir que se debe hacer mucho para ganarse a alguien y permite que “ese alguien” tenga a disposición, la posibilidad de sobajar a “quien le ama”. Esta forma de manifestar el amor, reemplaza la confianza mutua y la corresponsabilidad por la fe ciega y la reproducción de roles de género.

El amor romántico es un mecanismo casi imperceptible para perpetuar la violencia de género. Es uno de los culpables en el aumento de feminicidios. Es también, por las pruebas y la creencia del amor ideal, que muchas mujeres jóvenes terminan reclutadas para la explotación sexual. Es a través del amor romántico que hombres, en una mayoría de los casos, abordan a las mujeres para enamorarlas, ganarse su confianza y presionarlas para romper o alejarse de sus redes de apoyo y entonces convencerlas de sacrificarse por amor, empezando primero, por ser esclavas en la prostitución. La PGR señala que de 2007 a 2017 se investigaron 118 mujeres víctimas de trata, una mayoría de con fines de explotación sexual, una cifra que solo considera aquellos casos denunciados o identificados.

El antropólogo Oscar Montiel Torres a través de su investigación con los tratantes y proxenetas, documenta cómo se enganchan o reclutan a mujeres en México, desde el enamoramiento, para explotarlas en la prostitución, dentro y fuera del

país. En su investigación sobresale que los tratantes tienen como reto enamorar en el menor tiempo posible a las mujeres para tener control sobre ellas y sin que lo noten, terminen como víctimas, minimizando la violencia a la que están sometidas.

Por otro lado, la investigación de Diagnóstico sobre la construcción y reproducción de la masculinidad en relación con la trata de mujeres y niñas en Tlaxcala (2011) por Género y Desarrollo (Gendes A.C) señaló que los padrotes utilizan la seducción y el amor romántico masculino como forma de enganche, enamoran sin enamorarse, valiéndose de la “palabrería” para enganchar a las mujeres.

Mientras que Oscar Montiel señala que los padrotes tiene como objetivo «conseguir una chava, [que esta se enamore, para] terapiarla» y se sienta comprometida con resolver los problemas económicos en su relación.

Una vez que el vínculo de la chica, con quien cree es su novio, se fortalece y acrecienta, al grado de sentir total confianza hacia él, este la lleva a vivir a otro lugar, lejos de sus redes de apoyo, o bien realiza el acto conocido como “robo de la novia”, es decir, impedir que la chica llegue uno o varios días a dormir a casa de sus padres, evidenciando con ello que ya no es una “mujer virgen” e incrementando la posibilidad de que los padres de la mujer joven decidan que lo mejor es que la chica contraiga matrimonio, en cuanto el joven lo proponga. Esta situación es mera táctica, inducida por los padrotes, para que las mujeres sean entregadas por consentimiento de sus familiares, incluso Montiel documenta que los padrotes pueden contraer matrimonios ─simulados─ con festejos de por medio.

            Una vez que las mujeres tienen total confianza en los padrotes estos generan estrategias para conducirlas a la explotación sexual, haciéndolas pensar que eligen voluntariamente la situación, pero en realizar su decisión está viciada por los tratantes, a través de ser sometidas a un ejercicio de violencia psicoemocional que instala en ellas un compromiso que deviene en un sentimiento de culpa. En las entrevistas que recuperó Montiel, señala que:

Tú le dices a la chava ─cuando regreses de la calle─ que no hay chamba, que a los dos se los va a llevar el carajo. Siempre haciéndote la víctima. Luego, regresas al siguiente día y le dices que todo sigue igual, pero que te encontraste a un amigo, que a él le está yendo muy bien, que está ganando mucho dinero porque su mujer le entró de prostituta. Después, sigues choreando a la chava, diciéndole que todo está peor y ella termina diciéndote que le entren al negocio. Te resistes un poco, pero al final, accedes.

Con situaciones como la anterior, ellas son influenciadas, todo el tiempo, para que sientan que las oportunidades son mínimas y la más efectiva será la prostitución. Así inicia un consentimiento viciado para que se conviertan en las víctimas de la trata de personas para la explotación sexual, en el comercio sexual que tiene lugar en calles, table dance, centros nocturnos, casas de masaje, u otros espacios donde ofertan el comercio sexual. Las mujeres enganchadas y retenidas para la explotación sexual, creen que no existe otra opción para mantenerse económicamente ─a ellas y sus parejas─ mientras que los padrotes acumulan las ganancias derivadas de la explotación de varias mujeres, dentro y fuera del país.

En otros casos, donde las mujeres enganchadas por el amor romántico, identifican la violencia a la que se les quiere someter y buscan liberarse de sus tratantes, éstos recurren a la privación de la libertad, la vigilancia, la amenaza, violencia física o las inducen al consumo de sustancias psicoactivas para controlar su voluntad. Pero los tratantes encontraron en el enganche por amor romántico una forma de “someter sin dañar físicamente a las mujeres”, esta estrategia no tiene nada que ver con procurar la vida de las mujeres o evitar lastimarlas, sino asegurar mayores ganancias, menores costos en vigilancia y la disposición de las mujeres para mantenerse “atractivas” frente a los consumidores de prostitución, es decir los tratantes controlan la resistencia de las mujeres mientras cosifican sus cuerpos. Montiel aclara que los padrotes actúan tratando bien a las mujeres:

“A las mujeres hay que tratarlas bien, darles un buen descanso, al menos un día a la semana, consentirlas, hacerlas sentir como reinas después de que han trabajado toda la semana, porque tratando bien a las mujeres aseguras que trabajen bien y que no se te larguen”.

La escasa prevención de las formas de enganche para la trata de mujeres con fines de explotación sexual, ha desplazado el reclutamiento de mujeres por enamoramiento, hasta las redes sociales virtuales, un espacio que resulta óptimo para los tratantes, quienes convencen, a las mujeres cada vez más jóvenes, para salir de sus hogares, no avisar a familiares y encontrarse con ellos para conocerlos, o bien, para rastrear y tener conocimiento de sus actividades cotidianas, datos de familiares o amigos. La misma táctica de enamoramiento romántico, se traslada a las redes sociales por internet, sin grandes modificaciones.

Según el Noveno Informe Anual sobre Trata de Personas del Departamento de Estado de Estados Unidos, el turismo sexual de menores va en aumento en México, según UNICEF (2017) la cifra aproximada rebasa los 20 mil niños y niñas, especialmente en zonas turísticas, como Acapulco y Cancún, y ciudades fronterizas con E.U., como Tijuana y Ciudad Juárez.

Replantear la forma en la que amamos, hombres y mujeres, pero sobre todo, los costos y riesgos que el amor romántico deja para las mujeres es un tema urgente. La dependencia emocional que acarrea esta manera de amar, es una cuestión a resolver, pues coloca en riesgo la salud psicoemocional de las mujeres, sus vidas y permite que la trata mantenga en la sociedad. Es preciso, comenzar a socializar formas de afectividad, distintas, en igualdad y libertad.

Carmen Ruiz Repullo señala que «quitándole el apellido “romántico”, el amor es un lienzo por pintar, cada cual acuerda con quién o quiénes pintarlo, qué pintar, qué colores usar, etc». «No hay un modelo de amor que sea el idóneo, aunque si lo hubiese sería un amor donde la asimetría de poder no existiera, donde quienes lo practican pactaran desde la igualdad que quieren en esta relación amorosa». «En la medida en que nos [cuestionemos] qué somos, el amor se va modificando hacia formas mucho más igualitarias».

2018-02-14T18:22:19+00:00febrero 14th, 2018|Uncategorized|